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martes, octubre 21, 2008

¿Les pasa?

¿Les ha pasado que todo está como en un estado tan malo que en realidad pocas cosas se disfrutan? Por ejemplo, que la música no sólo del iPod, sino en general de la computadora, a pesar de que está ahí porque les gusta y saben que tienen buen gusto, de repente les cansa. O que prefieren estar baboseando frente a la tele en lugar de, no sé, escribir el post del día, o dormir en lugar de pensar en la estructura del siguiente capítulo o postergar ad infinitum algo que saben que tienen que hacer. ¿Les ha pasado que le pierden sabor a las cosas?

A mí me pasa... y no sé hacer, es como comer sin carne o ver la tele en blanco y negro, o jugar a las escondidas solito.

sábado, septiembre 13, 2008

Silenciosamente

Estábamos los tres ¿te acuerdas? Había un gato que estaba dando de vueltas a la mesa, tú estabas fumando, ella estaba leyendo una revista y yo estaba viendo al gato. Yo lo vi y les avisé. No me acuerdo siquiera qué habíamos estado haciendo toda la tarde, una de esas veces que nomás nos vemos por costumbre, llegamos al mismo lugar y hacemos los de siempre. Pero ese día había un gato, acuérdate, amarillento, con un collarcito café y una manchita blanca en la pata delantera. Marta le puso Garfield, porque tenía colores como los de Garfield.
Lo seguimos, jugamos a que éramos el club de la serpiente, el problema fue que los arrabales de París nunca se compararán a los de esta ciudad. Todo ha sido siempre más intenso aquí, más oloroso, más fuerte, más México.

Sí me acuerdo, pero hay pocas cosas de las que no me acuerdo, así que no es sorpresa, deja ya al gato en paz. Él tuvo la culpa, pero también la tuviste tú, por pendejo. Y la tuve yo y la tuvo Marta, carajo, siempre por pendejadas así terminamos mal.

En el fondo siempre quise ser como tú, siempre fuiste más, así, más cabrón, no sé cómo lo hacías, pero siempre pudiste ser más que yo. Creo que Marta te quería más a ti de lo que dijo que me quería a mí, lo suyo siempre fue más osado. La culpa la tuvo ella, nunca nos pudo separar, nunca nos quiso mezclar. Pinche Marta, se burló de los dos. Y ¿dónde está ahora? La muy cabrona se llevó al gato, al Garfield, seguro ya se lo tragó o lo aventó desde la ventana o lo quemó o lo sodomiza. Como hizo con nosotros. Nos tragó, nos uso, me violó y te tragó. ¿Sabes qué? La verdad es que no me arrepiento de absolutamente nada, creo que si pudiera hacerlo todo, lo haría todo exactamente igual, igual sería necio, igual me enamoraría de ustedes dos, igual les aguantaría sus terquedades. Todo igual. Igual les hubiera avisado del gato.

Después de eso, vi a Marta un par de veces, pero todo fue bien raro, como en Y tu mamá también, todo se volvió como en esa película mamona, todo se volvió mamón, como el final de esa película. ¿Por qué siempre me dejé llevar por sus pendejadas? ¿Cómo nos fuimos a enredar en eso? Pinche Marta.

¿Qué tal está?

Se casó, tiene un hijito, seguro es un junkie. Aunque ella lo dejó antes de embarazarse, seguro lo lleva en la sangre, pinche loca. No sé más, es lo último. Prefiero dejarlo así. Es lo último.

¿Y cómo se llama?


Ya deja al gato en paz. Déjanos en paz.

jueves, julio 17, 2008

El testimonio

Mi hermano y yo vivíamos en en Ixtlahuaca, una vez vinieron unos señores a decirnos que nuestra tierra era muy valiosa, que valía mucho dinero y que nos lo iban a dar si los dejábamos buscar lo que había abajo, en la milpa, donde sembramos. Como se veían buenas gentes los dejamos, además nos traían cosas de la ciudad, nos hacían mandados y favores. Una vez, cuando la hija de mi hermano se enfermó, nos llevaron al doctor, a una clínica grande, en la ciudad, en México. La verdad es que parecían buenas personas. Como mi hermano y yo nos quedamos con este pedazo de tierra que era de nuestro padre, pues entre los dos decidimos que no había problema en que buscaran, además ellos nos dijeron que no iban a mover nada, que nomás los dejáramos estar en un rincón del campo y que no nos iban a molestar ni a hacer ruido. Y sí, así le hicieron, iban y venían todos los días, pasaban, nos saludaban y nos traían las cosas que les habíamos encargado, se tomaban un café o un refresco, a veces mi mujer les daba un taco, platicaban un poco y luego se iban a su rincón. La verdad nunca fuimos a ver qué hacían allá, no nos gusta meternos en lo que no es nuestro y ellos tampoco nos contaron muy bien qué era lo que hacían, nomás veíamos que todos los días iban y venían, primero empezaron a venir una vez a la semana, luego más, dos o tres veces y luego vinieron mucho, casi todos los días. Después, un día, dejaron de venir. Así nomás. Después de un rato, a lo mejor una o dos semanas después que dejaron de venir, mi hermano y yo fuimos a ver la casita que habían alzado en el rincón del terreno. Era una casita como de tela gruesa, adentro se encerraba el calor y el aire olía raro, como a encerrado. En la tierra había un hoyo, parece que lo habían hecho con una pala, era profundo, mi hermano y yo cabíamos adentro parados los dos al mismo tiempo. No parecía que se hubieran llevado algo, ni la tierra ni las piedras ni nada, todo estaba ahí, amontonado a los lados del hoyo, las piedras que habían sacado mientras rascaban estaban metidas en unos como cajones de madera, habían unas grandes, otras menos grandes y otras chicas. Le digo, no se llevaron nada, todo estaba ahí. Mi hermano pensó que a lo mejor habían echado alguna cochinada por el hoyo, pero cuando nos metimos no vimos nada y no olía a nada y la tierra se sentía como tierra, nada le hicieron a la tierra. Fue cuando empecé a escuchar.

Al otro día de que nos metimos, fuimos a ver a mi tío que vive del otro lado del terreno, le fuimos a preguntar si él había visto algo en esos días, algo en la casita de tela, pero nos dijo que no, que él no vio nada más que cuando se fueron. Dijo que cuando los vio irse ese día, el último día que vinieron, se le figuró que ya no iban a volver, o sea que él ya sabía, se lo imaginaba. ¿Cómo es que se lo imaginaba usted? Le preguntamos, él nos dijo que él escuchó y luego vio cómo se salieron de la casa de tela y se fueron los dos apresurados, tranquilos, pero rápido.

Le digo, mi tío también escuchó, seguro escuchó lo que yo escuché cuando mi hermano y yo nos metimos en el hoyo, seguro es lo mismo que escucharon los señores, a lo mejor era lo que andaban buscando, a lo mejor es lo que vale mucho dinero. A lo mejor regresan y nos dan el dinero.

miércoles, julio 09, 2008

Relexiones

Frente al espejo del baño ensayaba cada una de las posibilidades: podría salir corriendo sin poner atención en nada, en el ruido o el alboroto que hicera o podría tratar de salir, como esos personajes de las películas, agazapado tras cada mueble, mimetizado en cada pared y escondido en cada sombra. Aún no sabía cómo, pero esaba decidido a escapar de la locura.

sábado, mayo 31, 2008

life and times of me

Pienso que cuando nos referimos a algún personaje del pasado o cuando leemos en la biografía de algún escritor, artista, científico, etc., "un hombre de su tiempo" [como lo que se dice de Leonardo "un hombre renacentista: un hombre de su tiempo", siempre he pensado que se refiere a que éste hombre, en este caso el florentino, es la suma de todas las cualidades que dieron forma y caracterizaron a tal o cual momento. Talvez sea ésta la ascepción común, difundida, enseñada y aprendida de la expresión. Hoy, mientas conducía de regreso a mi casa escuchaba mi iPod [síntoma de nuestro tiempo] y comencé a seguir un patrón; cuando escuchaba cualquier canción trataba de recorda el año en que se editó el disco: "Obstacle 1; Interpol: 2002, Sand River; Beth Gibbons and Rustin' man: 2002, My violent life; Blonde Redhead: 1995, There, there; Radiohead: 2003, Since I left you; The Avalnches: 2000" y así. Pronto me di cuenta que la música que escucho no sobrepasa, en su mayoría el 2003 [hay un par de colado del 2004 y 2005...] y que no iban más atrás de 1995, aunque, hay, ciertamente, clásicos que van más atrás a los 60's y 70's. Lo que me hizo pensar, otra vez, en la frase "hombre de su tiempo": recordé que hace aproximadamente una semana hubo una fiesta en la que habíamos un par de coetáneos míos y un peculiar personaje que es menor que nosotros; en la fiesta, de más está decirlo, me encargué de poner la música, y de un momento a otro, el mozuelo, expresó con clara indolencia [inducida talvez por el efecto depresor del alcohol]: ¿podemos cambiar la música? Me estoy durmiendo. Quedé atónito, en shock! Recuerdo que yo estaba muy emocionado [y poco ebrio] con la música, pensaba: "esto es un hit", todos estábamos contentos.

Ahora: yo soy un hombre de mi tiempo, tanto como el imberbe aquel lo es del suyo, mi música es vieja, talvez aburrida y con el correr del tiempo, el desfase entre la nueva música y yo se está haciendo más y más marcado. Pronto, lo sé porque lo he hecho ya un par de veces, estaré renegando de la nueva música, la calificaré de tonta, insulsa y sin sentido, comercial y tendenciosa, sin ideología y superficial: "¿dónde quedarán músicos como Cerati y Tom Yorke, bandas como Portishead o Zurdok, qué será de solistas como P.J. Harvey o Björk, qué quedará, a fin de cuentas, de melómanos como yo? Viejos, cansados y superados por una ola nueva que en unos cuantos años estará preguntándose lo mismo. Como dice la canción del álbum Hombre sintetizador del año 1999:

"Es dificil recordar, es difícil olvidar
es difícil para mí, es difícil todo (...).
todo es lo mismo, es un principio y final
y nada más
todo es lo mismo, esta canción es igual
que las demás
(...)

Posteo lo que considero una de las mejores creaciones del nuevo siglo: de mi tiempo...







del álbum de Radiohead Hail to the Thief (2003)

miércoles, febrero 20, 2008

Persía nocturna

Ciertamente los triángulos tienen omnipresencia en las ocurrencias naturales. ¿Será que nosotros creemos que vemos triángulos o que en verdad existen?


(...)



Es como si por un largo rato, el tiempo simplemente hubiera decido dejar de caminar. Como si la luna, estática, nos mirara pensando en la razón de su existencia.

domingo, febrero 03, 2008

Mysteries

Nunca hube amado tanto en la vida como te amé a ti o como me amo a mí mismo. Nunca sentí tantos deseos de correr trás de alguien para acercarme a su fragancia, para sentir sus cabellos y tomar su cintura. Pero ella, rebosante de juventud, de bríos y pujante por la vida me provoca hacerlo, se desviste al caminar, hace el amor con el aire que la rodea y sufre con el sol que le quema los hombros. Se puede adivinar que está saliendo ya de la adolesencia, su mirada comienza a tener la malicia característica de las mujeres a partir de cierto momento de sus vidas, aunque conserva el brillo casi infantil de la etapa anterior. Realmente sólo muy poco. El vaivén de sus caderas anuncia su conocimiento de las capacidades femeninas, anuncia su experiencia -talvez mayor a la mía -en la satisfacción de los instintos.

Habían pasado un par de años talvez, la tumba de su mujer se comenzaba a curbir con esas plantas verdes de hojas carnosas -realmente asquerosas - y la memoria cada vez se tenía que hacer asistir por fotografías y videos.

Uno siempre está mal ubicado en la vida, siempre se es demasiado joven para algo y demasiado viejo para otra cosa. Recuerdo cuando tenía diez y siete años, era demasiado joven para vivir solo y demasiado viejo para seguir viviendo con mis padres. Un par de años más tarde era demasiado viejo para seguir viviendo en el mismo país, pero demasiado joven para salir por mi cuenta. Ahora soy demasiado viejo para ti y demasiado joven para morir.
Mi vejez me impide lograr un par de cosas... ¿Qué somos? Sino un montón de tejidos con conciencia. Sino trozos de carne que caminan y se preocupan por lo que pueda ocurrir mañana. Hay quienes, a decir verdad, no se preocupan demasiado.